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Pensar con la programación, filosofar con Python

PYTHON

Andrés Lomeña

Programar ayuda a pensar porque el pensamiento nunca es una mera abstracción: razonamos mediante principios lógicos, silogismos, deducciones e inferencias. A veces, incluso, razonamos erróneamente, apoyándonos en principios erróneos o en falacias. Por eso Python es un lenguaje de programación tan potente y versátil: su claridad y su sencillez ayudan a pensar con coherencia y robustez. Si Ortega y Gasset decía que la claridad es la cortesía del filósofo, entonces Python es la cortesía de los buenos programadores. En otras palabras, Python es a la programación lo que Ubuntu fue a GNU/Linux: un lenguaje para seres humanos. En la actualidad, Python ya va por la versión 3.14.6 y seguirá evolucionando, igual que nuestros pensamientos, métodos y formas de resolver problemas. Python es un puente fiable entre la programación por bloques, propia de entornos infantiles, y la programación profesional. Python es el lenguaje Basic de esta generación.

               Guido van Rossum, creador de Python, ha afirmado que un programa escrito en Python sigue siendo claro cuando se relee seis meses después. Cuanto más fácil sea entender un programa, más fácil será mantenerlo. No parece un tema menor: los textos (literarios, jurídicos, etc.) a menudo se vuelven ilegibles, y el código de un programa también puede volverse oscuro u opaco. Con Python, esos problemas de reinterpretación se minimizan porque se prioriza la comprensión frente a la eficiencia extrema. En entornos profesionales, quizá se necesite esa eficiencia. Sin embargo, para aprender a programar (o, lo que casi es lo mismo, para aprender a pensar), lo esencial es que todo resulte conceptualmente claro, incluso elegante, y que sea, a ser posible, visual. Por eso me animé a escribir Python para filósofos, un libro que de verdad empieza desde cero, a diferencia de infinidad de manuales que aseguran empezar desde abajo y rápidamente saltan a niveles de complejidad difíciles de seguir. Con este libro, el aprendizaje es estrictamente progresivo: al principio se aprende a hacer un programa de una línea de código (que apenas hace nada, claro); luego se escriben programas de dos líneas de código, y así sucesivamente. Todo está orientado a crear juegos muy sencillos. Por tanto, visualizas tus creaciones y vas paso a paso hasta hacer un programa sin demasiada complejidad, pero que te da las pautas para seguir aprendiendo programación.

Si los físicos aspiran a imprimir una ecuación sencilla en una camiseta, los programadores que quieran enseñar deberían mostrar programas sencillos en siete u ocho líneas de código, y luego llegar a juegos simples de treinta o cuarenta líneas de código. El método cartesiano funciona: se empieza por algo tan básico como «pienso, luego existo» (un programa tan simple como una línea de código) y luego se va a más. Después, llegará una forma más holística de ver los programas: los visualizas enteros cuando eres capaz de comprender cada parte como algo integrado en un todo. Esta forma de aprendizaje, que es menos obvia de lo que parece a primera vista, no solo debería valer para informáticos y programadores, sino también para personas de humanidades y ciencias sociales. A todos nos viene bien razonar, igual que a nadie le hace daño un poco de cultura general. Pensar es abrir la caja negra de un programa, explorar el código y entender cada valor, cada variable y cada función. Modestamente, creo que Python para filósofos puede ofrecer eso.

               A fin de cuentas, el filósofo Stephen Toulmin puso patas arriba la lógica al afirmar que no argumentamos como se creía que lo hacíamos desde Aristóteles. Razonamos y construimos argumentos siguiendo unas pautas muy distintas. La programación en general y Python en particular también puede enseñarnos que nuestra lógica no es como creíamos que era… y podemos aprenderlo de una forma lúdica y clara. Para terminar, quiero insistir en algo. Repetirse va en detrimento de la eficiencia, lo sé, pero favorece la claridad: Python es la cortesía del buen programador.

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