
Camilo Chacón
SÃ: seguramente usted usa IA, o alguno de sus conocidos la usa, o la critica sin haberla probado jamás. No importa en cuál de esos bandos esté. Lo claro es que vivimos una época en que la sociedad se moldea alrededor de la IA.
Hace poco me ocurrió una anécdota que refleja cómo están cambiando las cosas, quizá para bien, quizá no. A uno de mis cursos —no diré más, para no exponerlos— les pedà un ensayo; también tuvieron un examen de alternativas. SÃ, ya sé lo que está pensando. Abrieron ChatGPT, teclearon más rápido que nunca y le pidieron a su oráculo chatgepeteano todas las respuestas. Todos obtuvieron excelentes calificaciones. Cuando volvà a tener a ese curso pero con otra asignatura —era un máster— cambié la estrategia: todas las actividades serÃan orales. Hubo un alumno, más osado, que me pidió hacer el examen online, no presencial. Eso es conversable. Lo interesante es que su email venÃa en un español un tanto raro: formal, genérico, y remataba con un «Quedo atento/a a su respuesta». Ya estaba claro lo que habÃa pasado.
En fin. Todo está cambiando, incluso los métodos de enseñanza.
Se ha repetido hasta el cansancio que la IA debe potenciarnos, no reemplazarnos. Pero nadie presta atención a lo obvio: seguimos delegando la cognición a cambio de velocidad. El estado natural del ser humano es la pereza —creo que lo decÃa Schopenhauer; si no fue él, probablemente estarÃa de acuerdo—. Otros nos recetan aquello de «tú debes manejar la herramienta, no la herramienta a ti». Suena bien, coherente. Pero ¿cómo? Si con IA ahora puedo crear videos, audios, ¡hasta libros!
La cuestión radica en la autenticidad; y la autenticidad necesita de otra condición para emerger. Si es una tarea cotidiana, delegue sin culpa. Pero si es una tarea creativa, una donde necesita ejercitar su inteligencia, entonces necesita criterio: decidir cuándo usar la IA y, mejor aún, cómo usarla.
Porque el problema no es usar IA. El problema es usarla sin saber qué parte de nuestra inteligencia estamos dejando fuera.
En CriterIA. Piense antes de pedirle a la IA me propuse esa meta: enseñar criterio. Suena fácil; no lo es. El libro está escrito de manera amena y práctica, con ejemplos, no para aprender a usar un modelo especÃfico de OpenAI o de Anthropic, sino para aprender a tratar con cualquier asistente que se lee como humano, pero es artificial.
Incluye, además, un «Kit de criterio» para quien quiera poner a prueba lo aprendido.
Al final, el libro es un ejercicio sobre lo más difÃcil de enseñar. Porque el primer criterio es ese: saber discernir cuándo algo debe usarse y cuándo no.

